Maison Couturier

San Rafael, Veracruz

Las tonalidades pálidas de la casona imitan la luz antes del crepúsculo. En piedra y barro, los muros emergen como pinceladas de Cézanne. Verdes impresionistas del trópico veracruzano rodean el recinto francés perdido en la geografía de México.

Los migrantes franceses del siglo XIX descubrieron la combinación de pisos de ladrillo antiguo con plantaciones de plátano y limonares, paredes de cal y las sábanas de lino de sus hogares después del Atlántico. Los colores sobrios en la habitación autorizan que follaje de tamaño colosal se escabulla como protagonista por el ventanal abierto.

 Maison Couturier es un escondite en un Macondo francés-mexicano: “Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.” San Rafael no se aleja de la descripción de Gabriel García Márquez en 100 años de soledad.

La piscina es para flotar boca arriba y dibujar con los ojos las siluetas de la fronda aceitunada. El masaje de reflexología es el próximo paso, baño de tina para los pies con sales minerales y aromaterapia.

Frente a una fogata, el mobiliario antiguo y un buen libro son acompañantes naturales. Desde la cocina abierta, el aroma es una advertencia: un filet mignon au poivre vert du jardín y un vino tinto de Languedoc Rousillon. Y si le instante lo dicta, se concluye el día con una copa de armagnac en la hamaca de la terraza para sentir la brisa húmeda donde pasean abrazados la campiña francesa y el río Nautla.